La Objetivación y Cuantificación de las decisiones

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La Objetivación y Cuantificación de las decisiones

La toma de decisiones en la empresa suele ser un proceso que, a menudo, genera un desgaste mental demasiado elevado. Las continuas turbulencias del entorno, los diferentes conflictos e intereses que rodean al problema, hacen que las decisiones se tomen más veces con el corazón que con la cabeza.

Y esta situación, no solo lleva a un aumento del número de errores, sino también a una falta de consistencia en la justificación de los mismos, ya que lo normal será cargar de argumentos personales nuestra defensa ante una mala decisión.

Por tanto, la “Objetivación y Cuantificación” de las decisiones de la empresa, supone una mejora que ninguna empresa, sea grande o pequeña, debería dejar escapar.

Y para este proceso de “Objetivación y Cuantificación” de la toma de decisiones, nosotros proponemos el uso de los Métodos de Multicreterio, ya que son relativamente simples y fáciles de usar además de eficaces y muy convenientes para PYMES que no saben como empezar.

En esta metodología hay que entender tres conceptos claves: el atributo, el objetivo y la meta.

El atributo es cada uno de los valores relevantes para el centro decisor. Puede calcularse de forma objetiva o subjetiva, ya que dependerá de si las características son cuantitativas o cualitativas. Por ejemplo, un atributo sería el beneficio de cada alternativa.

El objetivo, representa la dirección de mejora de los atributos. Ya sea de Maximización, más del atributo mejor, o Minimización, menos del atributo peor. Un ejemplo de maximización podría ser el beneficio, uno de minimización, el coste.

Dentro del objetivo encontramos el nivel de aspiración, que representa el nivel aceptable de logro para el correspondiente atributo.

Por último, la meta es la combinación de un atributo con el nivel de aspiración. Por ejemplo, alcanzar un beneficio al menos igual al nivel de aspiración.

Todos estos conceptos se engloban en otro más general llamado Criterio que sintetiza todo lo anterior.  Para desarrollarlo todo un poco más, vamos a distinguir entre dos tipos de técnicas para las decisiones multicriterio: Las Discretas y las continuas.

Métodos Multicriterio Discretos:

La aplicación de este método de decisión multicriterio discreto, se realiza cuando el número de alternativas es finito y no demasiado elevado, ya que puede generar un proceso muy engorroso si tiene un número de alternativas demasiado elevado.

Con la aplicación de este método, podemos seleccionar al mejor candidato para un puesto de trabajo, el mejor proveedor para una empresa… En definitiva para elegir o clasificar en un orden lógico, cualquier decisión de la empresa que necesite una justificación objetiva.

Dentro de las discretas podemos utilizar 3 tipos, para distintas finalidades. El primero es el método de sobreclasificación, destacando el ELECTRE o el PROMETHEE, donde se buscan elegir las mejores opciones eliminando aquellas que son iguales o inferiores a cualquier otra. El segundo son los métodos basados en clasificaciones o ranking, donde destaca sobre todo el Método de Jerarquías Analítica (AHP), muy usado en RRHH para la selección de candidatos. Y por último están los métodos basados en funciones de utilidad como el Método Multiatributo (MAUT), menos comunes en el uso empresarial.

Métodos Multicriterio Continuos:

Por su parte los métodos de programación continuos, persiguen identificar la mejor solución considerando simultáneamente múltiples objetivos en competencia, es decir, hacer comprable lo que inicialmente no lo es.

De esta forma se consigue sintetizar la información sobre los impactos de cada alternativa y ayuda al decisor a entender los intercambios entre diferentes objetivos.

Dentro de los continuas podemos diferenciar el método de programación multiobjetivo, el método de programación por compromisos y el método de programación por meta. De todos ellos, el más utilizado es el método de programación multiobjetivo, ya que puede resolverse con el propio Excel, a través de la herramienta SOLVER. Algo que pone de manifiesto que no es necesario disponer de costosas herramientas para lograr importantes objetivos.

En definitiva, el uso de estos Métodos, tanto los discretos como los continuos, permiten justificar de una manera objetiva nuestras decisiones, evitando que el proceso empresarial dependa tanto de los instintos y los “gurús”, que en muchas ocasiones llevan a desvirtuar el normal funcionamiento de nuestra actividad.

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