Las necesidades formativas de la Universidad

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Las necesidades formativas de la Universidad

Mucho se hablado en los últimos meses, e incluso años, de la idoneidad del sistema educativo en España, sobre su rentabilidad, su viabilidad y su productividad. Aspectos que en muchos de los casos se han vinculado a intereses políticos populistas que no se han transformado en ningún cambio profundo real.

Dejando a un lado las ideologías de cada cual y obviando temas como el coste y los criterios que deberían existir para entrar, lo más alarmante de las universidades españolas es lo despegadas que están del mundo empresarial.

El problema no se limita a que un profesor no tenga experiencia en el sector que explica, va más allá, también esconde problemas estructurales básicos. Problemas a la hora de adecuar los conceptos teóricos a los de la empresa, material con contenido desactualizados, clases sobrepobladas, áreas de conocimiento poco desarrolladas, muy difusas y demasiado generales, donde no se distingue lo aplicable de lo irreal.

Desde aquí, no pretendemos cuestionar las repercusiones sociales que puede tener esta situación, sino las repercusiones profesionales. Y éstas, están muy influidas por el sistema educativo actual, especialmente el universitario.

Las consecuencias de esto no terminan en la falta de motivación para emprender, sino que  también perjudican la utilidad de los estudiantes en el mercado laboral, que pasan un mínimo de 4 años almacenando conceptos que el día de mañana no recuerdan, y si lo hacen, no van a utilizar; suponiendo no solo un coste para las empresas, sino para el propio estudiante. Ya que los grandes problemas económicos de la mayoría de empresas españolas hacen que, ahora, las empresas no inviertan en formación y tengan que ser los propios estudiantes y futuros empleados los que tengan que autoformarse para acceder a un mercado laboral, donde la demanda es muy superior a la oferta.

Así, los costes del sistema educativo se trasladan a la empresa y a los trabajadores, que en muchos casos se ven obligados a coleccionar títulos para acceder a una oportunidad. Lo que genera una enorme presión en el trabajo y un descenso notable en la productividad.

El futuro es incierto, y los interés públicos no suelen ir de la mano de los privados, pero en muchos casos, cuando existe una simbiosis en la relación, no apostar por ello es un absurdo que atenta contra la racionalidad.

Si producimos empleados de línea en masa, nuestros impuestos no tendrán ninguna utilidad. La universidad, como muchos otros recursos públicos, necesita una revisión, que no se arregla con un aumento o una reducción. Debemos de trazar un camino y saber a dónde queremos llegar, no podemos seguir perdiendo el tiempo.

Esperamos que os haya gustado. Un saludo a todos y seguid informados en www.metodo403.webnode.es y a través de las redes sociales en Facebook, Twitter y ahora también en el grupo Metodo 403.