¿Por qué aún no estamos adaptados al turista?

Si cada vez estamos más adaptados al turista, ¿Por qué cada vez nuestros viajes se parecen más?

En España nuestra cultura siempre ha sido un elemento identificativo que nos ha hecho seguir vinculados a nuestra tierra con independencia del momento y la situación económica y social. Este carácter nos ha llevado a diferenciarnos de otras ofertas turísticas y ofrecer una experiencia autentica y humilde. Aquí el viajero encontraba un servicio adaptado al usuario local. Las dificultades comunicativas con el idioma cada vez son menores. Y además, un precio tan bajo aumentaron las opciones de captar a usuarios extranjeros con un poder adquisitivo más elevado.

La llegada del euro

España era un páramo idílico para aquellos viajeros que buscaban experiencias auténticas fuera de lo habitual, donde el esfuerzo de adaptación estaba en el viajero y no en los profesionales que trabajaban en el lugar de destino. Algo habitual en destinos como España que reciben muchas visitas sin hacer grandes esfuerzos e inversión. Y de pronto llegó el euro. Entonces fuimos conscientes de que las diferencias de precio se estaban intentando compensar demasiado rápido. Entonces para justificar esta subida tuvimos que ofrecer una experiencia más acorde con el nuevo precio de la “conversión” de pesetas a euros.

Ese proceso de justificación en la subida del precio se hizo muy “a la española”. Fuimos”tuneando” nuestros elementos más representativos y conocidos, manteniendo las mismas estrategias y procesos de fidelización del pasado. Al ver que esto no funcionaba decidimos contratar a profesionales extranjeros. Aquellos que habían tenido éxito en el proceso de adaptación turística. Y buscamos implantar sus modelos para conseguir aumentar la profesionalización de nuestro sector.

Estadanrización vs personalización

Los resultados en terminos económicos, si los comparamos en un histórico, son positivos. Los expertos tienen las estadísticas de su lado, el crecimiento del sector es sostenido y la rentabilidad de los servicios es mayor. Los casos de estafa y especulación con turistas son practicamente anécdotas del pasado, el uso de nuevas tecnologías cada vez es mayor y las experiencias resultantes generan más y más valor a la oferta turística global. 

Sin embargo, si miramos con detalle la oferta y el sector, no podemos obviar la “estandarización” y “homogenización” de los servicios y la experiencia. Cada vez es menos cultura propia y más cultura global, las diferencias en los viajes se empiezan a resumir en los monumentos y paisajes naturales propios del lugar. ¿Dónde queda la cultura, la gastronomía autoctona, sus costumbres… dónde queda el gusto por conocer lo que nos hace diferentes?.

En conclusión…

En resumen, somos más modernos y profesionales que nunca. Pero corremos el riesgo de perder lo que nos diferencia de cualquier oferta, la singularidad cultural.

No se trata de vivir a espaldas del mundo, ni de valorar nuestra oferta por encima de las demás, al contrario. Todos los lugares son iguales en importancia, son especiales con sus diferencias y merecen ser visitados y vividos, ninguna cultura debe estar por encima de otra. Pero si no sabemos integrar al turista en nuestra oferta sin transformar la esencia de su diferencia cultural, es que no hemos aprendido nada sobre como adaptarnos al turista, le estamos ofreciendo un sucedaneo del que nunca se podrá enamorar.

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