Dos caminos, un mismo destino

En la época actual, los costes han tomado un peso demasiado importante para la empresa y para el desarrollo de su actividad. Con ello han generado una situación de contagio generalizada que ha llevado a muchas empresas, a situar a establecer un orden de importancia, donde el precio está por encima de la calidad. Esta […]

En la época actual, los costes han tomado un peso demasiado importante para la empresa y para el desarrollo de su actividad. Con ello han generado una situación de contagio generalizada que ha llevado a muchas empresas, a situar a establecer un orden de importancia, donde el precio está por encima de la calidad.

Esta situación ha sido muy bien recibida por el consumidor, ya que las dificultades financieras del momento establecen otro orden de preferencias en el consumidor, llevando al precio, a ser considerado como uno de los factores más determinante de la compra de productos y servicios.

No obstante, las bajadas de precio son muy fáciles de justificar para el consumidor, ya que entiende que tanto la empresa, como el propio consumidor, se benefician de alguna forma, con la bajada de los precios de un producto o de un servicio. El problema está en justificar una subida de precios, ya que la receptividad del consumidor varía sustancialmente ante esta situación; llevando a éste en muchos casos, a ni siquiera plantearse el porqué de esa subida, simplemente, escogerá otro producto o servicio.

Toda esto se puede solventar a través de dos caminos totalmente opuestos. El primero de ellos sería a través de la diferenciación, es decir, generando una imagen de marca lo suficientemente fuerte como para que el consumidor no este obsesionado con el precio, y entienda que ese producto o servicio es diferente a cualquier otro del mercado.

Este camino es realmente costoso y casi siempre requiere de una capacidad de inversión inicial muy alta. Y aunque, a largo plazo puede ser un negocio realmente rentable, la mayoría de las empresas del mercado tienen muchas dificultades para avanzar por este camino. De forma que el conocimiento de esta alternativa, puede ser en muchos casos, la forma de supervivencia más factible para la empresa modesta, que sobrevive en el mercado.

Ese segundo camino se centra en la reducción y control absoluto de gastos de la empresa. Éstos, para un mayor nivel de organización, podríamos agruparlos en 4 tipos: los gastos estructurales, los generados por la actividad, los gastos en tecnología y desarrollo y los gastos generados como consecuencia de la actividad.

Cada uno de los tipos están compuestos por muchos otros gastos, más o menos importantes para la empresa, pero que deben estar recogidos y detallados en los sistemas de planificación y control de la empresa.

Cada camino tiene sus paisajes y sus obstáculos, requiere de medios diferentes, pero hay que entender que, al final, todos llevan al mismo destino: el cumplimiento de los objetivos y la viabilidad de la empresa. Centrarse en paisajes aislados del camino (precio, publicidad, distribución…) carece de toda lógica y tienen como resultado una mayor riesgo. Por eso, conocer el camino y ser coherente con el mismo, puede ayudarnos a depender de nosotros mismos.

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  1. Pingback:El camino del Control del Gasto | Metodo 403

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