La cocina en la prehistoria (Parte II)

La cocina en la prehistoria (Parte II) Antes del dominio del fuego, los alimentos se consumían crudos o secados al sol, con lo que se conseguían conservar numerosos víveres, como carnes y pescados, aunque para éstos también se empleaba la salazón, y frutas, como los higos. Pero si tuviéramos que destacar un hito histórico en […]

La cocina en la prehistoria (Parte II)

Antes del dominio del fuego, los alimentos se consumían crudos o secados al sol, con lo que se conseguían conservar numerosos víveres, como carnes y pescados, aunque para éstos también se empleaba la salazón, y frutas, como los higos.

Pero si tuviéramos que destacar un hito histórico en la gastronomía, éste sería el dominio del fuego para transformar alimentos. Cuando se dominó la técnica de hacer fuego, se empezaron a realizar las primeras técnicas de cocción, que eran otras que el asado, más bien carbonizado, de los alimentos. Gracias a este descubrimiento y su uso existen los primeros vestigios de la cocina.

El descubrimiento del fuego, según los yacimientos más antiguos de Koobi Fora y Chesowanja, en Kenia, datan de hace 1,5 millones de años, y propició que el hombre comenzara un proceso de socialización, al aprovechar más las horas del día, lo que a su vez significó un importante aumento demográfico.

El descubrimiento del fuego propició el cocinado de los alimentos y, por tanto, una mejor digestión, evitando algunas enfermedades y permitiendo apreciar más su sabor. Los método de cocción empleados eran básico:

– El asado para las carnes y los pescados.
– EL hervido para las plantas y cereales, con los que fabricaban unas gachas que servían de alimento caliente.

Con la extinción de los grandes animales al hombre se le planteaba un gran problema de subsistencia, por lo que comenzó, muy lentamente, primero a conservar vivos los animales savajes y después domesticar a ciertos tipos, como cabras, ovejas o cerdos. Con el desarrollo de la ganadería se produjo un cambio notable en el aprovechamiento de los animales, que ya no sólo se empleaban para obtener su carne, sus pieles o para el trabajo, sino también para la obtención de otros productos alimentarios como leche, queso y lanas.

La agricultura y la fabricación de vasijas de barro era la tarea principal de las mujeres, quienes comenzaron a cultivar las semillas que recogían. Estas eran plantadas alrededor de los poblados, lo que significó el asentamiento del hombre.

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