La falacia de la movilidad

El español, y en concreto nuestra generación de jóvenes, ha sido engañada durante muchos años a través de la venta del sueño emigrante, nos han hecho pensar que debemos salir de nuestro país para prosperar. No hay ninguna duda de que es necesario conocer nuevas culturas y aprender de ellas estando en el lugar, pero […]

El español, y en concreto nuestra generación de jóvenes, ha sido engañada durante muchos años a través de la venta del sueño emigrante, nos han hecho pensar que debemos salir de nuestro país para prosperar.

No hay ninguna duda de que es necesario conocer nuevas culturas y aprender de ellas estando en el lugar, pero no es cierto que haya que cambiar de residencia para ampliar nuestra visión del mundo. Podemos conocerlo sin inmovilizarnos en otro lugar, sin echar todas las raíces en otro sitio y sin proyectar el resto del mundo en otra ciudad diferente a la de nuestro origen.

La verdadera movilidad de los empleados no se limita a una ciudad en concreto, de nada sirve obligar a una persona a dejar su tierra por el simple hecho de que tenga que cambiar. Cuando las condiciones de desarrollo exigen la permanencia exclusiva en el lugar, es el único argumento en el que las personas deberían estar instaladas en otro entorno. Si por el contrario se trata de participar en el proceso de globalización, donde todos los mercados están abiertos a la negociación, entonces, para qué inmovilizarnos en un lugar, para qué hacer que una persona que no está a gusto en otra cultura tenga que emigrar a un sitio donde posteriormente, o no va a estar porque tenga que viajar continuamente, o simplemente su actuación se limite a las actividades de ese lugar.

Si queremos conocer todas las culturas y poder acceder a ellas, lo más importante es promover la verdadera movilidad, donde no existen fronteras ni imposiciones de residencia; y donde una persona puede trabajar en Madrid, vivir en Tokio y negociar en Roma, y todo eso en la misma semana. De modo que para qué obligar a ningún empleado a instalarse fuera de su entorno si precisamente de lo que se trata es de ocupar a la vez, el máximo número de ellos.

No se trata de hacer que la gente no se mueva de su tierra, al contrario, se trata de dar la oportunidad a los mercados de expandirse, mientras las personas puedan disfrutar de su ocio donde quieran y con quien quieran, sin imponerles el lugar donde se deben desarrollar y prosperar.

Los jóvenes españoles que han marchado a otros países han tenido experiencias muy dispares, algunos han triunfado, pero muchos otros han fracasado, algunos han encontrado un lugar mejor y otros simplemente han vivido un infierno. Pero si existe la posibilidad de que los empleados vivan mejor, sin que eso interfiera en las actividades en el exterior, ¿por qué no dar la libertad al empleado?, ¿qué ganamos obligando a residir a una persona fuera de su familia?… Si no existe una necesidad, el riesgo de quemar a una persona o de perder a un gran profesional, tendrá un precio demasiado alto que nuestras empresas españolas no están en disposición de afrontar.

La movilidad no entiende de residencias, no difundamos “la movilidad inmóvil”, sino la verdadera movilidad.

Esperamos que os haya gustado. Recordad que tenemos nuevo blog y que tenéis más información en nuestra WEB y a través de las redes sociales en Facebook, Twitter, en Linkedin en Google + y también en Youtube.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.